15 noviembre 2011



Ya no lo soporto, es más fuerte que yo. Intento demostrar que todo esta bien pero es difícil mentirme a mi misma. Intente asegurarme de que nunca dejaría que nada ni nadie me echara hacia abajo, que mi felicidad depende de mi y nadie tiene derecho de quitármela. Pero cuando uno se encuentra en una situación incontrolable, es casi imposible cumplir su objetivo: Ser feliz. No se definir con certeza lo que siento, no creo que sea culpa, ni lastima. Es algo más profundo, como si quisiera desaparecer de a momentos.

No es que quiera, es que no lo soporto, es una carga muy pesada y yo vengo de recorrer un camino interminable, mis propias piernas ya no me sostienen y perdí el sentido de la orientación. Ya no sé dónde voy, de dónde vengo, cómo llegue hasta acá. Solo un pequeño rayo de luz me guía, me orienta, me sostiene, y cada vez es menos nítido, su luz se deteriora y a medida que la luz desaparece, voy desapareciendo yo también. Estoy sola en la nada, me desespero, grito, lloro, muero. Muero porque no quedan ganas de vivir, porque no hay motivos, ya no hay excusas, porque quien no lucha no vive, y yo me quede sin fuerzas para luchar.

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